domingo, 7 de septiembre de 2014

A partir de tu belleza



Hemos mecanizado el sexo y mercantilizado el afecto.
Nos hemos atomizado. Hemos seccionado nuestro cuerpo y nuestro ser, hemos separado el sexo del afecto y de la espiritualidad y hemos llegado a una sexualidad hipergenitalizada, coitocéntrica y mecanicista. La hemos matado.
Nos hemos convertido en robots del sexo y obviamos, con frecuencia, el afecto y la ternura, incluso en la intimidad. Nos hemos olvidado de la intimidad; de nuestra propia piel y de olvidarnos del reloj, porque el tiempo, en realidad, es un invento.
¿Cuántas veces nos hemos permitido mirar más de 7 segundos a alguien que nos agrada o nos resulta interesante? 
Y el gozo de contemplar... sin prisa ni disimulo, a una persona: su mirada, sus manos... 
O sentirla, olerla... su piel, su energía, su actitud ante la vida y las situaciones cotidianas...
¿Cuántas veces cogemos las manos, los brazos, el pelo, de nuestros seres queridos y jugueteamos con ellos, las acariciamos o besamos...?
¿Nos permitimos ser acariciadas, abrazadas y sentidas por otras personas que nos agradan?

Nos creemos una sociedad evolucionada y civilizada solo por sus adelantos tecnológicos, pero desprecia la sabiduría auténtica de cada ser, lo más íntimo y genuino de cada persona. Por no haber aprendido a escucharnos en profundidad nos hemos convertido en una sociedad rígida y prepotente; por no haber podido encajar, filtrar o analizar la dimensión de su conocimiento, con los medios o perspectivas a nuestro alcance.


Sin embargo, parece que solo demandamos rigor científico a quienes presentan perspectivas diferentes, que nos sacan de nuestra zona de confort, pero no a los medios de comunicación de masas, ni a las universidades financiadas por empresas privadas, que investigan y defienden, a cualquier precio, sus objetivos e intereses.

No cuestionamos el modelo de belleza impuesto ¿por quién? 

Nos tragamos sin rechistar que la belleza y el atractivo está en los rasgos y proporciones que nos dicen los que se creen expertos en materia y no en las sensaciones y sentimientos que nos provocan ciertas personas o acontecimientos.

Para mí bello o atractivo es el hombre que me acoge con su mirada, me envuelve con su tacto, me abraza con su tiempo y se pregunta quién soy y qué quiero, qué busco.

Y así nos nutrimos, recibiendo y dando lo que cada cual puede y quiere... al ritmo de nuestros deseos y generosidad, al son de los retos y chasquidos de nuestros prejuicios sobre las diferencias con las que el otro me impulsa fuera de lo ya conocido y me abre a otra dimensión. A la suya, donde por fin, me acurruco y me encuentro con él y conmigo.

Belleza eres tú, para mí, que sabes de tus maravillas y te atreves a maravillarte ante otras. 


Belleza es lo que eres, lo que respetas, admiras y adoras y lo que puedes llegar a ser: tu aspiración a ser libre.

Belleza es la experiencia de tí y de mí.


http://www.traficantes.net/libros/cojos-y-precarias-haciendo-vidas-que-importan

http://www.forovidaindependiente.org/Diversidad_funcional_Visiones_encontradas








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