viernes, 17 de julio de 2015

Ser, estar y querer

Manos contemplativas rebosan la armonía ausente en la crispación omnipresente...
Su ritmo se impone, no puede ser de otra forma, dando vida a la muerte.
No es la cinética, la coordinación, la fuerza, la agilidad... Es el cuidado. El deseo de bienestar hacia las personas queridas y el de calmar y aliviar en lo posible.
Querer, desear la felicidad y ver si puede aumentar.
El tacto, las caricias y los abrazos amorosos disminuyen la angustia del vacío existencial, del sinsentido y aumentan la serenidad, la sensación de sentido en la vida, a través de la conexión, cuando una persona no logra conectarse sola al amor.

No nacimos solas ni autónomas. Somos animales sociales y como tales, necesitamos del contacto y del afecto de otros seres, de nuestra especie o de otras especies que aman y cuidan, a veces, sólo con la mirada, el contacto piel a piel o con su simple presencia.

Puedes acariciar con tu mirada, abrazar con el corazón, besar con tus manos y ayudar a cerrar heridas con tus oídos.
Puedes cambiar el orden y la forma y también puedes sanar para ayudar a sanar, con tu presencia.

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